Así me enteré
Me desperté en el sofá, mi nuevo lugar de sueño regular que me permite la panza de treinta y cinco semanas. Desayuné la luz tibia que ofrece una mañana en la casi primavera. Me vestí. Ya de salida, logro ver a mi nene y papá. Co-duermen en el cuarto de arriba, su nuevo cuarto ya que nos estamos preparando para la llegada de la nena. Hacemos nuestro ritual de una despedida lenta, donde el nene me convence que debemos ir al parque, y yo le explico que lo haré en la tarde cuando regrese. Me despido.
Conduzco para la ciudad sintiéndome dentro de una película, admirando el río Columbia en un lado, las cascadas en el otro. Hermosura. Un día soleado en el Gorge, más nublado ya llegando a Portland. Recuerdo por qué cuando trabajé en la ciudad nunca me molestó el viaje. Es sumamente hermoso. Un banquete para la vista y un respiro para el corazón.
Me estaciono y me dirijo al lugar del retiro de escritura de madres. Es en el mismo lugar del año pasado. El edificio me reconoce antes de que yo cruce la puerta. Tomo videítos mientras camino, para hacer un reel en las redes. Capturo algunas imágenes que capturé el año pasado, pruebas de que estuve aquí. En fin, esta comunidad linda de madres ha tenido un rol clave en mi práctica literaria, especialmente en encontrar esa voz después de convertirme en madre. Esa voz que es parte de la voz que nació conmigo, paro también se fue gestando entre desvelos y leche tibia. Un proceso que es personal, pero que con el acompañamiento de otras madres a veces se encuentra claridad. Como si al decirnos en voz alta, el camino se despejara.
Nos presentamos mientras tomamos café. Compartimos nuestras intenciones de escritura, y empezamos. Escribir y escribir. Las palabras caen como semillas sobre la mesa compartida. Algunas palabras vivirán en nuestros desktops. Otras llegarán a publicaciones. Eso solo el tiempo lo mostrará. Con otras mamis al lado, con las intenciones escuchadas y ahora acompañadas.
Ahí me puse a trabajar en un ensayo que vive en uno de mis muchos folders de la computadora. Un archivo que me espera en silencio, esperando encontrar la musa de su escritora. Sigo escribiendo.
En un receso, abro Instagram, y … ¡bum! Ahí estaba. El anuncio oficial de la editorial. El libro oficialmente publicado. Dos artículos reseñando el libro. La noticia me encontró desprevenida. Lo procesé con sorpresa porque pensé que el anuncio salía el lunes. El tiempo decidió adelantarse, como si no pudiese esperar por las ansias, igual que yo. Después me alegré que técnicamente todavía estábamos en febrero, ¡y qué manera de cerrar este mes!
El foco de la escritura se me empezó a fugar. No me molestó. He aprendido, especialmente escribiendo como madre, que nos adaptamos y caminamos por las puertas que se nos abren en ese momento. Entramos cuando la vida dice que es el momento. El tiempo lo es todo.
Agradecí tanto. Sentí el corazón palpitando a distintos ritmos, navegando la emoción y la gratitud. Un 28 de febrero, mi tercer libro ya publicado. Así me enteré, sentada en escritura con otras mamis. En la comunidad de escritura donde descubrí el género flash, el mayor género que le dio forma a este libro que se acaba de publicar.
Aquí sentada con la mamá de la quien escribí a los once meses y diez días posparto. Como si el tiempo se doblara sobre sí mismo y me guiñara el ojo. Un día que fue un highlight porque encontré una comunidad que fue un faro encendido en medio del cansancio.
Ahora estoy a dos años, seis meses, y una semana posparto. También a mis 35 semanas para la segunda ronda. ¿Qué traerá esta aventura? No sé. Pero no tengo afán en reconocer exactamente cuándo es que un círculo se abre y se cierra. Así empezó todo, así siguió, y así está siendo ahora. Hay cosas que se reconocen con la distancia del tiempo. Hoy miro atrás, y reconozco que aquel encuentro no fue casual, fue el comienzo de algo lindo. Y hoy, celebro con esa comunidad encontrada.