Caminando con el calor extremo

Conocí a mi pareja en un otoño. Poco tiempo después hice un chiste: ¡nos vemos en la primavera!. De esas bromas que cargan más verdad de la que una quisiera admitir. Mi corazón caribeño aún no había vivido un invierno en el noroeste del Pacífico. “Lo importante es tener la ropa adecuada”, me dijo él, con una mirada llena de ternura, sus ojos verdes sosteniéndome.

Aquí estamos, dos años y medio después de esa conversación, aplicando los mismos principios, pero ahora en el desierto, bajo un calor agotador de 110 grados Fahrenheit. Ya no somos solo nosotros dos: nos acompañan nuestro hijo y dos perros. Planificar una caminata familiar requiere estrategia—leer bien el clima, tener un plan A, B y C, y, sobre todo, revestirnos de flexibilidad. Las caminatas deben tener acceso a agua para los perros. Necesitamos protección solar para nosotros, especialmente para el nene. Hay que elegir un momento estratégico del día, acomodando la siesta del niño y evitando, en lo posible, la temperatura más brutal.

Como mamá y neuropsicóloga, ¿qué aplico en este senderismo que no solo aprendí de los libros de texto?

-Autorregulación y corregulación: En climas difíciles es más fácil perder la calma. Modelar el autocuidado, los límites y la regulación emocional se convierte en un arte y también en una ciencia.

-Conciencia corporal: Aunque exista un plan, es fundamental reconocer las señales del cuerpo y saber cuándo un descanso es necesario. En temperaturas altas, además, se debe consumir mucha más agua de lo habitual y evitar la exposición directa al sol durante las horas pico.

-Experiencia sensorial: Los estímulos que ofrece un desierto árido a comienzos del verano son muy distintos a los de nuestro hogar. Verbalizar la experiencia, notar juntos el viento, la arena y cómo responden nuestros cuerpos ayuda a mantener la armonía.

-Flexibilidad cognitiva: Adaptarnos al calor extremo, cambiar planes o rutas, y reajustar nuevamente si algo se modifica a último momento, todo mientras mantenemos la calma. La autorregulación en el desierto es, sin duda, un deporte extremo.

-Maximizar las pausas: No se puede caminar al mismo ritmo en el desierto que en la rutina diaria. Incorporar más pausas ayuda a sostener la cohesión familiar.

Miro a mi pareja con admiración y me pregunto si mi versión de hace tres años habría hecho algo así. Me gusta pensar que sí, porque en mi soltería esto era lo que hacía: practicaba senderismo en mi tiempo libre y exploraba rincones nuevos. Pero cuando vuelvo a mirar sus ojos verdes, admiro profundamente el acompañamiento y me siento afortunada de haber encontrado a alguien que quería recorrer la misma jornada.

Caminamos con el calor extremo, no a pesar del calor extremo.

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