La urgencia de reconstruir comunidad
La escritora y socióloga Tressie McMillan Cottom propone una idea poderosa para entender nuestro momento histórico. Explica que no estamos viviendo únicamente una crisis política, sino una crisis de narrativa. Recalca que las historias que una sociedad se cuenta sobre el miedo, la pertenencia, y el futuro terminan moldeando también su vida política.
Para Tressie, movimientos como MAGA lograron crecer porque ofrecieron una narrativa emocional simple en tiempos de ansiedad colectiva. Su mensaje era simple, existe una amenaza y alguien tiene la culpa. En momentos de incertidumbre, ese tipo de relatos generan una sensación de protección y pertenencia, incluso cuando se sostienen sobre desinformación y polarización. El problema, según ella, no es solo la existencia de esas historias, sino la ausencia de una narrativa alternativa capaz de conectar con las emociones de las personas desde la honestidad y la esperanza.
Uno de los puntos más profundos de su reflexión tiene que ver con la desconexión humana. Durante décadas, gran parte de la cultura occidental ha promovido el individualismo como ideal de éxito. Exaltando la autosuficiencia, productividad, y competencia constante en cada discurso. Sin embargo, el costo emocional ha sido enorme, desde la soledad, la ansiedad constante, y el vacío que aparece cuando las personas dejan de sentirse que son parte de una comunidad real. Muchas veces, detrás de los discursos extremistas, lo que las personas buscan no es solamente una respuesta política, sino un lugar donde sentirse vistas y acompañadas.
En su investigación sobre miembros históricos del Black Panther Party del sur de Estados Unidos, Tressie descubrió algo que transformó su manera de entender el cambio social. Aprendió que muchas veces la verdadera revolución ocurre en actos cotidianos de cuidado, como alimentar vecinos, sostener redes de apoyo, educar a jóvenes, o acompañar a otros durante años también son formas profundas de resistencia. Esa experiencia la llevó a replantear la idea de libertad, entendiendo que una sociedad sana no se construye desde el “sálvate solo”, sino desde la responsabilidad compartida.
Quizás la pregunta más urgente de nuestro tiempo no sea solamente qué historias nos trajeron hasta aquí, sino cuáles podrían ayudarnos a salir de aquí. Para Tressie, el futuro depende de nuestra capacidad de construir relatos basados menos en el miedo y más en la empatía, la memoria, y la comunidad. Porque las historias importan. Moldean la forma en que entendemos quiénes somos, qué protegemos y quién sentimos que pertenece. Y tal vez, en medio de tanta polarización, volver a encontrarnos como comunidad sea también una forma de esperanza.
Desde una mirada de neuropsicología aplicada, esta conversación también permite entender cómo el miedo, la incertidumbre, y la desconexión social impactan directamente la forma en que las personas procesan información, toman decisiones, y construyen identidad. Cuando el cerebro permanece expuesto de manera constante a amenazas sociales, polarización y estrés colectivo, aumenta la necesidad de buscar certezas rápidas, pertenencia, y narrativas simples que reduzcan la ansiedad emocional. Por eso, fortalecer vínculos comunitarios, promover pensamiento crítico, y construir espacios de seguridad emocional no solo tiene un valor social o político, sino también neuropsicológico. Tal vez parte del desafío actual consiste en comprender que la salud mental colectiva también depende de las historias que consumimos, de los vínculos que sostenemos, y de nuestra capacidad de sentirnos conectados con otros en medio de la incertidumbre.
Referencia: https://www.youtube.com/watch?v=oZAmICsojMc