Estilo de vida y neuropsicología 3
La naturaleza, a través de los cambios de estación, nos enseña a cuidar nuestra salud cerebral. Ya en septiembre hay hojas que comienzan a transformarse en color; el calor va menguando y las noches empiezan a pedir abrigo. Estos cambios graduales activan en nosotros procesos de observación y anticipación, funciones clave del cerebro para adaptarse al entorno. El senderismo constante nos recuerda que, así como nos adaptamos a distintos capítulos de la vida, también aprendemos a adaptarnos a las diferentes temporadas del año, poniendo en práctica nuestra flexibilidad cognitiva.
El otoño requiere una doble preparación: te vistes para el clima que leíste por la mañana, pero te preparas para el “por si acaso”. Este acto cotidiano es un ejemplo claro del funcionamiento de las funciones ejecutivas: planificamos, anticipamos posibles escenarios y organizamos recursos. Capas, por si el día se vuelve más cálido; capas y abrigos, por si el frío llega con más fuerza de lo anticipado. De la misma manera funciona la salud cerebral: hay etapas que demandan más apoyo, más capas de cuidado, una revisión de la nutrición, una consulta con algún especialista o ajustes en las rutinas diarias para reducir la carga cognitiva y emocional.
Desde la neuropsicología, sabemos que el cerebro necesita preparación para responder de forma eficiente al cambio. Esto implica fortalecer habilidades como la autorregulación, la toma de decisiones y la capacidad de priorizar. Cuando estas funciones se ven exigidas —por estrés, cambios hormonales, demandas académicas o familiares— es esperable que necesitemos apoyos adicionales, del mismo modo que añadimos una capa extra de ropa en otoño.
El cambio de temporada nos atraviesa a todos los miembros de la familia: los cambios del niño, los cambios en mí como mujer y los cambios en mi pareja. Cada etapa del desarrollo y cada rol activan necesidades ejecutivas distintas. El otoño nos recuerda que es un momento oportuno para observar, adaptarnos y reajustar los sistemas que necesitan actualización, conservando aquellos que siguen funcionando. Prepararnos no es sobre preverlo todo, sino sobre fortalecer la capacidad del cerebro para responder con flexibilidad, intención y cuidado.