Neuropsicología para tiempos apocalípticos

He estado viendo la serie Paradise, inevitablemente, me encuentro pensando: ¿qué destrezas realmente serían útiles si la cosa aprieta? Recuerdo también la serie Lost in Space con Molly Parker, donde cada persona en la nave había sido seleccionada porque poseía múltiples destrezas útiles para levantar una sociedad en un nuevo planeta. Pensando en eso me pregunté: ¿de qué sirve esta profesión si, cuando todo colapsa, lo que atiende la neuropsicología deja de ser prioridad?

Esta pregunta no es sólo teórica para mi, sino que vivencias pasadas me han traido lecciones. Después de los huracanes Irma y María en Puerto Rico, lo viví de cerca. Tras los vientos categoría 5 y el colapso de infraestructura, muchas personas quedaron sin hogar, sin agua potable, sin acceso confiable a alimentos o medicamentos, y sin una rutina estable. En ese contexto, atender la mente parece pasar a segundo plano. Las prioridades eran otras, y la clínica prácticamente se vació. Y aunque esto tuvo su sentido, me hizo preguntarme, ¿podría la neuropsicología reajustar su modelo para responder a lo que sí es prioridad en momentos así?

Volviendo a Paradise, sin dar spoilers, la arquitecta de un espacio clave contrata a una psicóloga para ayudar a diseñar el nuevo entorno humano: seleccionar perfiles, crear espacios que mantengan conexión con la humanidad, pensar en cómo sostener una comunidad. Eso me hizo reconsiderar algo: quizás la psicología no es inútil en contextos extremos; quizás lo que cambia es la forma de ejercerla. Probablemente no sería mediante pruebas estandarizadas o intervenciones clínicas tradicionales. Pero sí podría aportar de otras maneras. Entonces, me hice otra pregunta: ¿qué podría ofrecer la neuropsicología en tiempos realmente difíciles? No es que ahora sea prepper, pero si el “¿y si pasa de verdad?” llegara, ¿qué aportaría una disciplina que tomó una década estudiar?

1. Ganar la batalla de la mente

Sobrevivir en contextos extremos requiere adaptabilidad cognitiva. La evidencia reciente muestra que la flexibilidad cognitiva, la regulación emocional y la percepción de control son factores claves para la resiliencia ante crisis y trauma (Kalisch et al., 2022; Southwick & Charney, 2023). Personajes como Carol Peletier en The Walking Dead ilustran algo que también vemos en la investigación: las personas pueden adquirir nuevas habilidades y redefinir su identidad frente a contextos radicalmente distintos.

También podemos darle color al growth mindset. La evidencia actual matiza la idea: no es una solución mágica, pero creer que las habilidades pueden desarrollarse facilita el aprendizaje y la persistencia, especialmente cuando se combina con estrategias concretas y apoyo social (Yeager et al., 2022). En contextos de supervivencia, esto se vuelve simple: adaptarse, aprender, o quedarse atrás.

2. Optimizar el aprendizaje con recursos mínimos

En el mundo actual aprendemos con libros, maestros, y la ayuda de la tecnología. En un escenario precario, el aprendizaje dependería mucho más de observación, práctica, y memoria aplicada. La neurociencia reciente muestra que el aprendizaje se fortalece cuando se combinan: la práctica activa, la repetición espaciada. el aprendizaje contextual, y la enseñanza entre pares. Estas estrategias, estudiadas ampliamente en ciencias cognitivas, requieren pocos recursos y son altamente robustas incluso en contextos adversos (Dunlosky & Rawson, 2023; Weinstein & Sumeracki, 2023). El cerebro humano está diseñado para aprender incluso cuando el entorno no es ideal.

3. Recuperar la regulación

Cuando el sistema nervioso está en estado de amenaza constante, la cognición se reduce. El estrés prolongado afecta atención, memoria de trabajo y toma de decisiones. Investigaciones recientes en neurociencia del estrés muestran que la capacidad de volver a un estado regulado, lo que algunos llaman “return to baseline”, es clave para la resiliencia (McEwen & Akil, 2023).

Esto incluye habilidades como respiración reguladora, co-regulación social, micro-pausas de recuperación, rutinas de sueño y actividad. Que aunque muchas hoy día se vendan junto a productos de autocuidado, en tiempos de crisis, se pueden ajustar y aplicar, porque no se ejecuta igual en estado de desregulación. Puede sonar básico, pero en condiciones extremas la regulación fisiológica puede marcar la diferencia entre reaccionar impulsivamente o tomar decisiones útiles.

4. Diseñar ambientes que favorezcan el desarrollo humano

Gran parte del desarrollo humano depende del entorno. La investigación en neurociencia ambiental y del desarrollo muestra que estructura, predictibilidad y señales ambientales claras ayudan a organizar la conducta y reducir la carga cognitiva, especialmente en niños (Barrett et al., 2022; Lupien et al., 2023). Quienes cuidan niños lo saben intuitivamente:
los espacios enseñan. Las rutinas estables, las zonas designadas para actividades, y los objetos que invitan a explorar o aprender, pueden hacer toda la diferencia. Aun en contextos de crisis, diseñar el entorno puede sostener el aprendizaje, la seguridad psicológica y la cooperación social.

5. Entretenimiento y salud mental colectiva

La evidencia antropológica y psicológica muestra que el juego, las historias y el entretenimiento han existido en todas las sociedades humanas, incluso en contextos de guerra o escasez. El entretenimiento activa sistemas dopaminérgicos, fortalece vínculos sociales y reduce el estrés (Immordino-Yang et al., 2022). En términos simples: la mente necesita espacios donde no esté en modo supervivencia. Parece un lujo, pero es regulación colectiva.

6. Cultivar esperanza realista

Si el mundo se cae a pedazos, los hashtags de positividad no sirven de mucho. Pero tampoco se puede sostener una comunidad sin algún tipo de esperanza con los pies en la tierra. La investigación sobre resiliencia muestra que las personas que logran atravesar crisis profundas combinan el realismo sobre la situación, el sentido de propósito, y las metas alcanzables a corto plazo

(Southwick & Charney, 2023; Chen & Bonanno, 2022). La neuropsicología puede contribuir a construir narrativas colectivas que sostengan la acción, no la negación.

Entonces… Después de entrar en una pequeña crisis existencial pensando que no tendría nada que aportar en un evento catastrófico, hice una pausa y reconsideré. Sí, hay muchas destrezas prácticas que podría aprender, como reparar un automóvil, cazar animales o cultivar alimentos, y atender fracturas corporales. Pero también hay algo que ya traigo conmigo.Como neuropsicóloga podría ayudar a mi comunidad a mantener la mente en un lugar funcional bajo presión, a optimizar el aprendizaje de personas de distintas edades, a modelar adaptabilidad y mentalidad de crecimiento, a enseñar estrategias de regulación en familia, a ayudar a procesar traumas emocionales, a diseñar rutinas y espacios que sostengan el desarrollo humano, a cultivar esperanza realista dentro de una nueva realidad.

Estas cosas no se enseñan explícitamente en los programas académicos. Pero si mañana llegara el apocalipsis,
quizás la neuropsicología tendría más que aportar de lo que pensamos.

Referencias

Chen, S., & Bonanno, G. (2022). Psychological resilience after disasters. Annual Review of Clinical Psychology.

Dunlosky, J., & Rawson, K. (2023). The science of effective learning strategies.

Immordino-Yang, M. et al. (2022). Affect and social meaning in learning.

Kalisch, R. et al. (2022). The resilience framework. Nature Reviews Psychology.

McEwen, B., & Akil, H. (2023). Revisiting stress and brain plasticity.

Southwick, S., & Charney, D. (2023). Resilience: The Science of Mastering Life’s Challenges.

Weinstein, Y., & Sumeracki, M. (2023). Understanding How We Learn.

Yeager, D. et al. (2022). Context matters in growth mindset interventions.

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