Admirando la naturaleza con lenguaje telegráfico
Paseaba con mi pareja e hijo en otro roadtrip del verano. “Mamá… mmmuuuu,” me dice con sus ojos marrones, un espejo de los míos. Me quita la mirada, y observa la vaca de cuernos enormes en nuestra proximidad. El mensaje era claro: Mami, mira este tremendo animal.
Con casi dos años, depende del lenguaje telegráfico para observar y capturar el mundo. El lenguaje telegráfico es esa etapa en la que se usa una o dos palabras para comunicar una idea completa. Por ejemplo, decir “agua” en lugar de “mami, por favor, ¿me traes agua?”.
Por eso, en el campo de la neuropsicología sabemos que el lenguaje no siempre representa por completo todo lo que es capaz de procesar un cerebro. Como en el caso de mi hijo: una palabra y un sonido de animal, pero dentro de su esquema cognitivo está ocurriendo mucho más de lo que puede expresar.
Seguimos caminando, dejando una nube de arena detrás de nuestros pasos por el clima árido y seco. Atentos a qué más nos mostraría la naturaleza, y también atentos a no cruzarnos con el animal equivocado. No entenderé del todo lo que ocurre en su mente, y el lenguaje no siempre le hará justicia, pero confío en que estas caminatas juntos, explorando los rincones de Oregón, serán riquezas que permanecerán en nuestros sistemas nerviosos para siempre.