Neurofeedback, neurociencia y problemas del aprendizaje

En mayo de 2020 me mudé a Colorado y comencé a trabajar en una clínica interdisciplinaria. Fue allí donde conocí por primera vez el neurofeedback. Completé un entrenamiento de 120 horas que incluyó clases grupales con colegas, bajo la supervisión de un consejero certificado por la BCIA. Además, leí múltiples libros sobre el tema y aprendí a administrar una variedad de protocolos. Al finalizar el entrenamiento, recibí un ascenso y oficialmente me convertí en técnica de neurofeedback.

Posteriormente, me integré a un grupo interdisciplinario en línea con el que completé un entrenamiento de varias decenas de horas enfocado en la administración e interpretación de mapeos cerebrales mediante electroencefalografía cuantitativa (QEEG). Más adelante, fui cordialmente invitada a participar en el grupo de discusión de Google llamado Neurofield, donde durante los siguientes cinco años tuve acceso a una gran cantidad de recursos: debates clínicos, artículos, conferencias, recomendaciones prácticas y experiencias compartidas por otros profesionales.

Este año, específicamente en agosto, decidí salir del grupo. La comunidad fue excelente y el intercambio de ideas constante y enriquecedor. Sin embargo, con el tiempo confirmé que nunca me adentré completamente en el neurofeedback como eje central de mi práctica. Aunque muchas personas creen firmemente en esta intervención, el consenso actual de la literatura científica indica que el neurofeedback puede formar parte de un modelo multimodal, pero no debe considerarse una intervención única ni de primera línea.

Durante los cinco años en los que utilicé esta tecnología como intervención complementaria, fue mayormente con personas que, por diversas razones, optaban por no seguir tratamientos tradicionales y preferían explorar alternativas. Un ejemplo frecuente fueron familias que decidían no medicar a sus hijos y buscaban opciones no farmacológicas.

No estoy en contra del neurofeedback; sin embargo, tampoco se encuentra entre los primeros recursos que recomiendo. Tras haber sido una observadora informada y una practicante ocasional, este año tomé la decisión consciente de soltar esta vía alternativa y reenfocar mi práctica en intervenciones educativas y neuropsicológicas con mayor respaldo empírico.

¿Quieres leer sobre el neurófeedback? Te comparto mi bibliografía más reciente:

Bibliografía sobre neurofeedback, neurociencia y problemas del aprendizaje

- Revisiones sistemáticas y meta-análisis:

  1. Sonuga-Barke, E. J. S., et al. (2024).
    Neurofeedback for Attention-Deficit/Hyperactivity Disorder: A systematic review and meta-analysis.
    JAMA Psychiatry.
    Un análisis que concluye que, cuando se utilizan medidas ciegas, el neurofeedback no muestra beneficios clínicos significativos a nivel grupal para los síntomas nucleares del TDAH, aunque se observan efectos pequeños y específicos en algunos dominios cognitivos con protocolos estandarizados.

  2. Van Doren, J., et al. (2023).
    Sustained effects of neurofeedback in ADHD: Updated systematic review and meta-analysis.
    European Child & Adolescent Psychiatry.
    Revisión enfocada en efectos a largo plazo. Los resultados son variables y altamente dependientes del diseño metodológico.

  3. Bussalb, A., et al. (2022).
    Factors influencing the efficacy of neurofeedback in ADHD: A meta-analysis.
    Frontiers in Psychiatry.
    Identifica moderadores clave: tipo de protocolo, edad, número de sesiones y calidad del entrenamiento en autorregulación.

- Ensayos controlados aleatorizados (RCT) recientes

  1. Zuberer, A., et al. (2022).
    Learning of neurofeedback self-regulation in children with ADHD: A randomized controlled trial.
    Neural Plasticity.
    Estudio que muestra que no todos los niños aprenden a autorregular su EEG, lo que cuestiona la eficacia uniforme del tratamiento. (Esto lo viví de primera mano. Los resultados del QEEG muchísimas veces tienen nterferencia y no se terminan usando).

  2. Minder, F., et al. (2023).
    Neurofeedback vs. cognitive training in children with ADHD: Randomized controlled trial with follow-up.
    European Child & Adolescent Psychiatry.
    Resultados modestos y comparables entre neurofeedback y entrenamiento cognitivo; refuerza la idea de que no es una intervención superior por sí sola. (Ustedes saben que soy fan del entrenamiento cognitivo. Ese tema lo dejo para otro post).

-Neurofeedback y trastornos específicos del aprendizaje (LD)

  1. Gómez-Pilar, J., et al. (2021).
    Effects of neurofeedback in children with ADHD: A systematic review.
    Journal of Clinical Medicine.
    Sugiere posibles mejoras en atención sostenida, especialmente cuando el neurofeedback se integra en un modelo multimodal.

  2. Annals of Dyslexia – Revisión sistemática (2025).
    Neurofeedback interventions for dyslexia: Current evidence and limitations.
    Concluye que no existe evidencia suficiente para recomendar el neurofeedback como tratamiento efectivo para la dislexia; la instrucción estructurada en lectura sigue siendo el estándar basado en evidencia.

- Neurociencia, mecanismos y nuevas direcciones

  1. Ros, T., et al. (2022).
    Neurofeedback mechanisms from a systems neuroscience perspective.
    Neuroscience & Biobehavioral Reviews.
    Explica por qué la autorregulación neuronal es altamente variable y dependiente del contexto, la motivación y el andamiaje cognitivo.

  2. Rubia, K., et al. (2023).
    fMRI neurofeedback and functional connectivity changes in ADHD.
    NeuroImage.
    Muestra cambios neurofuncionales medibles, pero sin traducción clínica consistente en síntomas.

En conclusión, el neurofeedback puede resultar una intervención interesante y ofrecer una vía alternativa para personas que no responden a tratamientos de primera línea. Sin embargo, en la actualidad no existe evidencia científica suficiente para recomendarlo como tratamiento único. Más bien, puede considerarse como un complemento dentro de un enfoque multimodal y, aun así, no garantiza resultados consistentes.

En mi práctica privada, principalmente ofrezco consultas, terapia conductual y terapia educativa (del desarrollo), intervenciones que cuentan con mayor respaldo empírico y que permiten un abordaje más integral y sostenido de las necesidades de cada individuo.

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