Un lunes de café, política, crianza, y cabaret

Ayer estaba escribiendo desde un café, maximizando las ocho onzas de cafeína permitidas en este tercer trimestre. Salté de la matrescencia a la neuropsicología, la política y la literacidad, temas que exigen mis distintas labores. Tomo un receso para que mis ojos descansen y, por malacostumbre, reviso Instagram. Noticia tras noticia sobre Minneapolis, asesinatos por ICE, y cómo este gobierno imperialista ya ni disimula, ya que su fanaticada adoctrinada no cuestiona sus acciones. Me echo a llorar. La pesadez que recorrió mi sistema nervioso, que a veces me azota desprevenida, haciéndome llorar en mi café favorito.

Me limpio los cachetes; señal de que debo cambiar de ambiente. Es hora de almuerzo de todas formas. No escucho podcast ni libro de camino a casa. Mi mente necesita descanso. Ni siquiera puse música. El ruido blanco de conducir en la autopista bastó. En casa almuerzo y sigo preparando la propuesta para un evento en la Semana del Cerebro. Le explico a las bibliotecarias que el 25 de marzo no puedo porque está muy cerca de la fecha estimada de parto, y que sería mejor darme dos semanas antes. Pienso brevemente si vale la pena hacer el evento y siento un poco de estrés al imaginar que ICE pueda llegar de la nada y arruinar algo para la comunidad latina. Me enfado de que tengamos que pensar en estas cosas. Al mismo tiempo, consciente que esta crisis no es nueva, algo que las mamás negras, indígenas, y de minorías afirmamos.

Una mamá local comparte el live que ocurrirá a nuestras cuatro de la tarde. No lo sabía entonces, pero fue exactamente lo que necesitaba, un espacio de conexión con mamás que toman acciones diarias, validan todas las presiones actuales, muestran cuán político puede ser la maternidad y recuerdan que la táctica principal es hacernos perder la esperanza y callarnos. La conversación dejó claro lo intencional que es esta administración para continuar la represión de muchos grupos, incluidas las madres. Desde ridiculizarnos con estereotipos, las mamás que toman vino vs. las mamás tradicionales, a crear sistemas diseñados para hacernos sentir culpa, todas tácticas estratégicamente programadas para silenciarnos. Esto no es nuevo, pues históricamente ha servido para mantener jerarquías, especialmente a costa de madres de minorías. Vergüenza, miedo y pánico alrededor de la crianza nos aíslan y nos empujan a echarnos la culpa en lugar de cuestionar las fallas abismales del sistema.

Las invitadas mostraron cómo esto se encarna en la vida cotidiana en Estados Unidos, desde el enviar a nuestros hijos a la escuela mientras el perfilamiento racial es rutina, a ser testigos de como la pseudoprotección se convierte en un arma para aterrorizar no solo a negros y latinos, sino también a blancos que no estén alineados con el partido en el poder. Me recuerda la Doctrina del Shock de Naomi Klein, los de arriba aprovechando crisis tras crisis para introducir un modelo económico que les conviene y seguir explotándonos para llenarse los bolsillos.

La conversación recalcó que la maternidad es política, porque el cuidado ocurre en infraestructuras bajo ataque. Como dice Ángela Garbes, el cuidado se percibe como un trabajo inferior, mayormente asignado a mujeres de minorías y con la menor paga posible, aunque es el pilar de la sociedad. Reshma Saujani cerró con un “nadie viene a salvar a las madres, pero las madres unidas salvan a una nación”. Mis ojos ya no estaban tan aguados, pero todavía sentía la piquiña en las pestañas, que rascaba con cuidado para no perder más.

Me voy sintiendo mejor. Ya puedo respirar hondo sin que se me trinque el pecho. Mi bebita se mueve adentro, recordándome que debo poner límite al contenido que consumo y a cuánto participo. Sí, quiero ayudar, pero no a costa de ella. Cuento sus movimientos y pienso en lo que puede pasar antes de que se una a este plano. Después me preparo y voy a una clase de jazz teatral, mi ñapa para autorregular el sistema nervioso asaltado. Bailamos una canción de Cabaret, el musical ambientado en Berlín justo antes del ascenso del nazismo, que muestra cómo el cabaret daba alivio ante el autoritarismo, el antisemitismo y la represión. Un refugio de entretenimiento e individualismo, negando el peligro del que ya era demasiado tarde para escapar. Me gocé la clase entera. Mejor contextualizada no pudo estar.

En espera de que la cortina roja se abra y se cierre, sea en las redes, en una clase de baile o en conversaciones con otras mamás, buscando refugio en tiempos de criar. Sigo navegando el balance entre disociarme, permanecer alerta y tomar acción, pero con cautela, para que me quede suficiente corazón para seguir maternando y sosteniendo mi mundo.

Previous
Previous

Añadir a LinkedIn: Neuropsicóloga Montessori

Next
Next

¿Es muy temprano para una postura?